"la Venus de La Habana": Circunstancias que cambiaron el rumbo de su vida...
El arte de manejar 13 novios era como un juego de niños en manos de la Venus de La Habana y "su empresa(*)" en el rubro del turismo.
La Venus de La Habana se daba todos los caprichos que se pueda una joven imaginar en una isla que disponía de todas las herramientas que se necesitan para hacer felices a los turistas. Buenos hoteles, buen clima, buena comida y bebida -solo para los turistas-, buenas playas, buena música, buenas discotecas, buenas y amables compañías, gente encantadora y con ganas de agradar. Y todas las circunstancias que rodean al mundo del turismo para que los clientes vuelvan satisfechos a sus lugares de origen y con ganas de volver a la Isla Grande del Caribe.
El mundo de los cubanos de a pie era el de los parias que el gobierno manejaba a su antojo, bajo mínimos: los mínimos justos para una supervivencia al límite del aguante del cuerpo humano, la supervivencia más crítica imaginable.
Nulbis, la Venus de La Habana, aunque cubana de nacimiento, era siempre una turista más al lado de su novio de turno. "Aparcaba" temporalmente, pero cerca, a su marido cubano -el homosexual- por si en cualquier momento lo pudiera necesitar y se dedicaba por completo a su trabajo, bien remunerado por cierto, de novia de su novio de turno. Generalmente lo cuadraba todo para que fueran meses completos los que disfrutaba de cada uno de los novios y así no había problema. Llevaba una agenda muy bien planificada aunque a veces -por excepción- alguno de los novios no era cien por cien obediente y le causaba algún desajuste. Este desajuste se arreglaba poniendo a su empresa -madre, amigos, parientes, etc. etc. - a trabajar. Procuraba dejar un par de días entre novio y novio para descongestionar su mente y no parlotearle en francés al italiano o el alemán en inglés o al español en sueco...
Por estas fechas le tocaba de novio de turno a un
ciudadano español, gran vividor él y además muy amigo de practicar deportes
náuticos, afición que le gustó a Nulbis de inmediato. Esto le permitía
relacionarse con el selecto grupo de turistas que acudían a la Marina
Hemingway. Era este un turismo muy diferente al turismo que acudía a los
típicos hoteles del turismo más masificado del resto de La Habana y Varadero
principalmente.
Un buen día Fonsi -así se llamaba el novio Español- le
propuso a Nulbis ir a la Marina Hemingway para que le viese hacer esquí
acuático, una de sus aficiones de las que disfrutaba solamente en verano en el
Pantano de San Juan, una de las playas de Madrid, en el extremo occidental de
la Comunidad Autónoma de Madrid.
Fonsi mostró a su Venus de La Habana sus habilidades
esquiando en el mar de aquel lugar tan bonito, como es el entorno de la famosa
Marina. Tanto de gustó a Nulbis la exhibición del novio que le propuso a este
contratar un cursillo acelerado de aprendizaje de esquí náutico para ella. Y el
novio no pudo negarle al capricho a la pinareña que a duras penas sabía nadar.
Así las cosas cuadraron el día del cursillo con el personal de la marina para
que Nulbis aprendiera a hacer esquí acuático. La Venus de La Habana podría ser
todo un espectáculo contorneándose en aquellas maravillosas aguas del entorno de
la famosa marina de La Habana, que llevaba el sobrenombre del ganador del
Premio Nobel de literatura con su novela (entre otras) escrita en Cuba y fiel
fotografía de un viejo pescador cubano "El Viejo y el Mar".
Todo el mundo, personal del servicio, custodios,
clientes, encargados de mantenimiento en la Marina Hemingway se enteró de que
al día siguiente Nulbis se iba a convertir en la primera Venus esquiadora de La
Habana haciendo maravillas sobre aquellos esquís que tan bien manejaba su novio
Fonsi, el de Madrid.
Llegó el día y Nulbis lucía un neopreno especial que
le costó un ojo de la cara a su novio, además de un casco también especial,
unos guantes maravillosos, un chaleco salvavidas que resaltase su figura de
Venus de La Habana y unas tablas a juego para que nada desentonase en aquel día
tan grande para ella.
Antes de empezar la primera clase práctica todo el
mundo en la Marina Hemingway se enteró de la hazaña que Nulbis iba a
protagonizar. Ella se encargó de darle buena publicidad a su evento. Hay que
reconocer los méritos de la pinareña, además de un bellezón era una muy buena
relaciones públicas. A día de hoy habría sido una maravillosa influencer.
Los monitores/instructores y el patrón de la motora
que la iban a acompañar en la epopeya estaban lo suficientemente bien
"engrasados" por el novio de la Venus de La Habana para que la alumna
terminase sus clases con matrícula de honor. Hasta el novio estaba convencido
de que su deslumbrante amada conseguiría, como en todo lo que hacía, lucirse
ante la expectación que había creado en toda la Marina Hemingway.
Los preparativos fueron como si de la boda de una
princesa se tratara. Ya estaba preparado el convite para todo el personal de la
marina a la tarde-noche siguiente. Allí no faltaba de nada, vamos que el novio
había tirado la casa por la ventana con tal de ver feliz a su Venus.
Y llegó el momento de elegir la ubicación de las
clases para que los espectadores pudieran disfrutar de la clase magistral que
coronaría a Nurbis como la Venus marina y esquiadora de la Marina
Hemingway.
Los monitores conocían la Marina como la palma de sus
manos. Si bien nunca se les había dado el caso de una clase magistral de este
nivel. En el evento iban a ganar más que lo que gana un médico salvando vidas
en el Hospital General de la Habana durante un año. Esta motivación era lo que
más felices les hacía.
Finalmente comenzó la parafernalia de embutirse Nulbis
en el neopreno, calzarse el casco, ajustarse el chaleco salvavidas -eso
sí, de tal forma que resaltase su belleza- y hacer una serie de ejercicios que
los monitores le fueron enseñando para entrenar su preciosos músculos. Todo
esto bien seguido a corta distancia por el novio para que su preciosidad no
sufriese ningún tirón muscular o desvanecimiento del que pudiera salir dañada.
Todo listo, la llevó el novio hasta la pista acuática
del cursillo en una moto de agua desde la que la iba a filmar para así dejar
constancia del acontecimiento. Y tras los arrumacos de rigor para demostrar que
era su novia y era su bolsillo el que sufragaba todo aquel montaje, la dejó en
el agua al cargo de los monitores como si de una joya invaluable se tratara.
Los monitores se tomaron su tiempo para enseñar a
Nulbis los movimientos precisos para conseguir el primer objetivo que es salir
del agua sin resultar accidentada. Le indicaron cómo en caso de no conseguirlo
debería de soltar de inmediato la cuerda.
Primero le enseñaron a flexionar las rodillas y los
brazos: Con la ayuda del conductor de la lancha, flexiona las rodillas y
empuja hacia arriba para levantarte del agua, etc., etc. Una vez arriba todo es
cuestión de equilibrio...
Nulbis solamente pensaba en cuán bella iba a quedar en
las imágenes que iba a filmar su novio español. Si su novio gordito madrileño
era capaz de hacer aquellas piruetas en el agua para ella ese trabajo sería
coser y cantar.
Llegó la hora de la verdad y a la primera intentona
soltó la cuerda como le gritaron los monitores que no se separaban de ella y le
indicaban lo que tenía que hacer. No consiguió avanzar ni siquiera unos
centímetros.
Al quinto o décimo intento con el mismo resultado del
primero, ya estaba mareada de tantas indicaciones y decidió de motu propio no
soltar la cuerda, lo que le costó tragar unos litros de agua, pero avanzó sin
levantarse del agua, a modo de torpedo humano, unos metros.
Descanso, consejos de los monitores y...
En un nuevo intento, pasado un buen rato recibiendo
instrucciones de los monitores, siguió haciendo lo que le pedía el cuerpo y
nuevamente metió a su cuerpo unos litros de agua más, asustando además a los
monitores que decidieron abortar la master class dándose por vencidos ante la
posibilidad de que la guajira Venus de la Habana tuviera un accidente serio o
se les ahogase en la archi famosa Marina Hemingway.
El siguiente paso fue llevarla de urgencias a un
hospital privado para que la ayudasen a expulsar de su cuerpo todo el agua que había
bebido involuntariamente en la Marina.
A las dos o tres horas de salir del hospital se
pasaron por el hotel. La pareja feliz pero aún estaban muy asustados. Se relajaron
un buen rato y tras el descanso decidieron volver a la Marina Hemingway para
comunicar a sus comparsas que la fiesta del día siguiente seguía en pie para
celebrar nada, pues no había nada que celebrar, solo para "guarachar"
y seguir los planes previstos como si nada hubiera sucedido. Todo el mundo en
la marina había apreciado el esfuerzo que Nulbis había hecho. Y habían
aplaudido efusivamente el resultado calamitoso de la master class para dar
ánimo a la alumna.
Al día siguiente, efectivamente se montó el fiestón,
sin que faltara de nada como si de una boda se tratara pero sin cura ni
contrayentes solo los novios: Nulbis y Fonsi y los invitados; Estos últimos
eran los amigos de la Marina Hemingway y el equipo de monitores de esquí
acuático que tan poco éxito habían tenido en su clase de iniciación con la
Venus de la Habana.
Ya bien entrados en tragos los monitores de esquí
propusieron a Nulbis retomar las clases pero esta, que aún saboreaba los
amargos tragos de agua que se había llevado puestos al hospital y que casi la
envían al otro mundo a apagar las llamas del infierno con lo que a ella le
salía del cuerpo, esta se negó en rotundo a repetir la embarazosa experiencia.
Pasó página como como si de un episodio intrascendente se tratase y al cajón
del olvido. El esquí acuático se lo quedaba para presumir de novio.
Pero el capitán del equipo de monitores de esquí en un
gesto de agradecimiento por los servicios "bien cobrados" y por el
fiestón que estaban disfrutando tuvo el detalle de dejarla invitada a un paseo
en moto acuática de parte del equipo para celebrar sus atenciones y su belleza.
Su novio podría aprovechar la ocasión para realizar una buena sesión
fotográfica. Estos halagos emocionaron a Nulbis y no le quedó más remedio que
aceptar, eso sí, dejando pasar unos días hasta que el susto del esquí acuático
se le fuese un poco del recuerdo.
Llegó el día planeado y Nulbis se volvió a poner su
neopreno y su chaleco salvavidas -sin casco para poder lucir su preciosa melena
rubia- y el capitán la sacó a pasear en la moto acuática por la marina. A lucir
sus encantos y su cabellera para su novio, convertido en fotógrafo del momento,
y para su gran número de admiradores. Tanto disfrutó del paseo en la moto
acuática que hasta le pidió al capitán del equipo de esquí de la marina que la
dejase pilotar la moto a ella. El capitán, babeando como estaba, paseando a la
Venus de la Habana en su moto, no tuvo más remedio que acceder a su petición.
La colocó a ella delante y con todas las precauciones la abrazó por detrás y se
aseguró de tener acceso al acelerador de la moto y al corte del contacto
automático.
La experiencia le resultó a la guajira tan excitante
que al día siguiente le pidió a su novio repetir la experiencia con ella de
piloto y él de pasajero invitado. El novio que no le negaba ningún capricho a
su amor accedió de inmediato y al día siguiente le concedió el capricho que la
llevó al hospital tras estrellarse con la moto acuática. Esta vez sí, con un
resultado alarmante: La Venus de la Habana con un montón de costillas rotas, la
columna con fracturas varias, múltiples roturas de huesos en piernas y
brazos... y en fin un poema. Más de medio año hospitalizada. Más de medio año
que el novio pasó retenido por el Gobierno de Fidel Castro pagando los arreglos
de la moto acuática estrellada, de la muchacha hospitalizada y otros
desperfectos...
Más de medio año de la muchacha pensando como rehacer
su vida de "12 novios más el de repuesto". Más de medio año de
la madre de la Venus de La Habana paseando a sus novios ya que supuestamente la
hija estaba en una misión comercial en el extranjero que le había encomendado
el gobierno de Fidel. Pero no había que dejar a los novios sueltos por La
Habana en manos de la competencia.
El susto tras el medio año de meditación profunda en
el hospital fue tan grande que ahí fue donde decidió que le debería dar el
"sí quiero" al novio número 7, que según sus cálculos fríos era el
mejor posicionado de su lista para empezar una vida nueva. ( https://cuba-periodo-especial.blogspot.com/2023/03/el-novio-numero-7-de-la-pinarena.html )
(*) su empresa la
componían: su cuerpo escultural como maquinaria principal, su marido cubano
ficticio, sus amigos y allegados de los que tiraba cuando le era necesario...y
por supuesto su mamá, como eje principal.
continuará...
Calendarios muy diferentes |
Comentarios
Publicar un comentario